En la década de los sesenta, el naturópata y reflexólogo Robert St. John desarrolló la técnica metamórfica gracias a sus exploraciones e investigaciones en el área de la reflexología. Todo comenzó durante una sesión de tratamiento realizada a una niña con Síndrome de Down, cuando St. John descubrió que la terapia reflexológica habitual sobre las zonas reflejas de los pies no daba los resultados esperados. Al probar acariciando la parte interior del pie de la neonata, notó que la mirada de la niña había cambiado, y luego de varias sesiones aplicando el mismo masaje, notó que había disminuido su hiperactividad, y gradualmente se logró transformar los síntomas propios de la enfermedad, inhibiendo considerablemente la actividad del cromosoma 13, principal causante del Síndrome de Down. St John descubrió que cada persona reacciona de forma diferente, pero en todos los pacientes tratados se producía una reacción positiva, un movimiento energético que favorecía la toma de conciencia y la transformación, en algunos más rápidamente que en otros, ya que cada persona mejora a su propio ritmo. El suave contacto sobre la cadena de huesos de la parte interior de los pies que corresponde a la zona refleja de la columna vertebral logró resultados tan auspiciosos que St. John empezó a aplicar la misma técnica con algunos pacientes que no sufrían deficiencia mental alguna, y observó que también en estas personas se producían positivas transformaciones a nivel emocional y físico. Haciendo foco en los efectos psicológicos que el nuevo tratamiento le proporcionaba a sus pacientes, logro superponer al mapa reflexológico (de reflejos físicos de los pies), un mapa de los reflejos psicológicos. Y estudios posteriores le permitieron reconocer la existencia de un tercer mapa que refleja las influencias de los primeros nueve meses de vida que pasamos en el útero de nuestra madre. Así llegó a la conclusión de que al trabajar sobre esta zona, se trabaja sobre la estructura temporal durante la que se establecen las características del neonato. St. John, además, identificó el área específica de la pre concepción, que es un momento donde tenemos conciencia plena de nuestro plan de vida. Para St. John, La Técnica Metamórfica permite transformar las causas iniciales de cualquier problema físico o psicológico, trabajando sobre la causa establecida antes de nuestra concepción, logrando deshacer los patrones que vamos repitiendo a lo largo de nuestra vida y permitiéndonos utilizar todas las influencias de nuestra existencia para desarrollar nuestro potencial al máximo.
En qué nos beneficia Bajo el mismo proceso a través del cual una oruga se transforma en mariposa, cuando dejamos atrás nuestros patrones de problemas psicológicos o físicos, logramos avanzar hacia nuevas áreas de desarrollo. Si logramos desarticular la estructura temporal que la persona asimila durante los nueve meses que dura el embarazo, la fuerza vital del paciente puede alterar las características preestablecidas y deshacerse de ellas, mediante un proceso de comprensión interior y expansión de la conciencia.
St. John expresa que sólo a través de este cambio interior lograremos impulsar la identidad actual hasta la que potencialmente podemos alcanzar. Dependiendo de cuántos patrones nos libremos, mayor será la libertad que alcancemos. Esta metamorfosis activa la capacidad que tienen las personas para sanarse a sí mismas.
El masaje metamórfico El tratamiento metamórfico consiste en un toque ligero, suave como una caricia, sobre las zonas energéticas que corresponden a los reflejos espinales, que se aplica en pies, manos y cabeza. El terapeuta hace las veces de catalizador de la propia fuerza vital del paciente, es decir que la potencia, pero no la dirige. Las sesiones de la técnica metamórfica duran aproximadamente una hora, y suelen efectuarse una vez por semana, aunque esto depende en gran medida de la propia fuerza vital del paciente, que es la que marca el número y la frecuencia real de las sesiones. Durante la sesión es posible que el paciente experimente emociones, recuerdos o conexiones con elementos que hasta el momento se hallaban bloqueados en su inconsciente. En algunos casos estos movimientos internos, indicadores de que la transformación está en marcha, pueden producirse algunos días después de que la persona haya terminado la sesión. El efecto del masaje metamórfico es placentero, liberador y relajante, y se manifiesta a través de la transformación de nuestro comportamiento, de nuestra forma de ser y la sensación de bienestar, fluidez y plenitud, durante y después de las sesiones. Aunque no existen contraindicaciones para aplicar la Técnica Metamórfica, es fundamental que el paciente desee recibirla, sin importar la edad de la persona, ya que es necesario respetar su decisión y sus tiempos. La Técnica Metamórfica se puede combinar con cualquier tipo de tratamiento que la persona desee recibir alternativamente.
Una herramienta única para la transformación personal La Técnica Metamórfica no es una Terapia o un tratamiento convencional, sino una técnica que ayuda la paciente a disparar su propia fuerza vital, permitiéndole optimizar su potencial. La técnica está basada en una nueva forma de observar los patrones de energía. Mientras que otras corrientes hace foco en remover bloqueos energéticos, la técnica metamórfica busca transformar los patrones energéticos, sin considerar que las personas estén "bloqueadas", "lastimadas" o que necesiten ser "arregladas". Simplemente utiliza la energía de los patrones que la persona desea cambiar, para crear nuevos patrones que influencien positivamente el desarrollo del paciente. La técnica metamórfica fortalece: cualquier cambio que ocurra es originado en su totalidad desde la interior de la persona. Es la inteligencia de su propia fuerza vital la que lo hace cambiar. Es una técnica no invasiva: durante las sesiones no se realiza ningún tipo de manipulación física, ni diagnóstico, ni hay necesidad de hablar de problemas personales ni de presentar un historial clínico. Además de ser agradable y completamente segura, es accesible para todas las personas que deseen recibirla, y fácil de aprender para los que quieran practicarla. Se puede realizar el tratamiento a cualquier hora del día. No hay límite de edad para los pacientes. Es muy útil para tratar niños con hiperactividad, deficiencias de atención, autismo y Síndrome de Down, así como a personas adictas a sustancias, conductas o relaciones peligrosas. También ayuda a las mujeres embarazadas, sobretodo, en el proceso del parto, ya que el feto también puede recibir el tratamiento.
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